Los Señores del Átomo (bis)

El juicio de relevancia


La labor periodística se ha ido devaluando con el transcurso del tiempo, cosa de la que dan fe los principales medios de comunicación de masas. La irrupción de las redes sociales en la realidad cotidiana hace que la información se difunda de forma descentralizada. Así, la función del periodismo como alertador ha quedado en segundo plano, y algunos proclaman sin ninguna clase de pudor el nacimiento del periodismo para la "transformación social" (para que eso fuera posible, primero debería existir una sociedad). Este enfoque subjetivo del periodismo hace que este pierda su sentido como informador, y debe ser evitada a toda costa.
                             
En la era internáutica, la información subjetiva emana ya de las redes sociales, de forma difusa. Si el periodismo quiere encontrar su lugar, debería desarrollar su función informativa basándose en un control previo de calidad del contenido, hacer un juicio de relevancia. De lo contrario, no aporta ningún valor añadido a las habladurías y conjeturas inherentes ya a la idea misma de sociedad.

La producción de información es la función más relevante para el orden liberal, dado que ello es el fundamento de la libertad: solo es posible elegir si se conocen todas las alternativas, de lo contrario, tal libertad se encuentra coartada.

Obviamente, la función periodística ha tenido siempre como actividad indisociable la publicidad, entendida como concepto amplio que incluye tanto propaganda gubernamental como promoción de productos comerciales, además de la ya mencionada función de información pública.

Uno de los episodios más obscenos y execrables del periodismo contemporáneo sucedió hace apenas unas semanas, cuando un niño pequeño murió al caer en un pozo en Totalán, España. ¿Es esto relevante para el público? Puede ser una tragedia, desde luego, y a tal fin suele habilitarse un apartado en cualquier medio informativo, mal llamado sucesos. Ahora bien, la cuestión no es que sea un tema que nos conmueva, sino si la cobertura extraordinaria que se hizo del asunto es proporcional a la gravedad y necesidad informativa del mismo. No lo creemos así: dos semanas hablando exclusivamente del tema, con cámaras apuntando 24 horas al lugar del desafortunado incidente y especiales “informativos” de extensa duración; todo esto hace que la desproporción entre hechos y información sea patente, y por tanto es también evidente que nadie ha realizado un juicio de relevancia. Hay que apuntar también que tal juicio no puede hacerse ex post facto, por la retroalimentación. Anuncio un hecho, luego como lo he anunciado es relevante. Esto sería falaz.

Por tanto, la cuestión principal es que el juicio de relevancia debe ser racional e incorporar el concepto de proporcionalidad.  Se genera más información de la que nunca se podrá procesar, esta es la naturaleza antisolipsista. Así, se entiende el periodismo como filtro, un control de calidad, que requiere necesariamente de una herramienta de trabajo: el juicio de relevancia.

La responsabilidad es, en última instancia. de los que consumimos el producto periodístico: lotófagos modernos, que leemos titulares sin atender siquiera en ellos al detalle, puesto que en cuestión de minutos el titular puede ser distinto.

Periodismo es contar lo que pasa, pero más importante, hay que decidir que es lo que no pasa; lo que, en definitiva, no se cuenta. Esto habrá ocurrido igualmente, y puede que sea incluso más relevante. Escoger, al fin y al cabo, es renunciar a las opciones que no hemos elegido, a un sinfín de mundos que ya nunca existirán.
Creemos, por tanto, en un periodismo de luz difusa, incluso ambiental, que nos permita iluminar cada rincón de la oscura época cibernética. El popular foco, al fin y al cabo, es producto de otra era. Incluso, tras mirarlo por un buen rato, dejamos de ver bien en la oscuridad.

Y esto es quizás lo más peligroso, porque lo que nos mata no es lo conocido, sino aquello que no prevemos.


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