Los Señores del Átomo (bis)

El mundo de hoy, o la Soberanía del Átomo.

Como es de sobra sabido, en el año 1945 los Estados Unidos de América desarrollaron por primera vez un arma nuclear que pudo usarse en batalla. El experimento definitivo del llamado "Proyecto Manhattan", conocido con el nombre de "Prueba Trinity", tuvo lugar el 16 de julio de 1945. Unas semanas más tarde, el 6 de agosto, se lanzaba la primera bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Hiroshima. 


Ensayo Trinity, 5:29h a.m. del 16 de julio de 1945.

Si bien la resultante mortandad no fue muy distinta a los de los bombardeos incendiarios que venían realizándose regularmente hasta la fecha sobre Japón (en Tokio murieron de 90.000 a 100.000 personas en una sola noche, del día 9 a 10 de marzo de 1945), lo insólito de la destrucción era que la había causado una única bomba. El problema moral no era ya el asesinato de civiles mediante bombardeos indiscriminados, sino la posibilidad de extinguir (o, en nuestros términos, "quedar en peligro de extinción" o pasar a ser una "especie amenazada") la totalidad de los homini sapienti, junto con buena parte de la vida que habita el planeta. Así, no es posible desconocer que la guerra total convencional tiene en la actualidad un potencial destructivo para los países implicados equivalente a la de la guerra nuclear, pero se diferencia necesariamente lleva al apocalipsis ni tampoco tiene por qué afectar a países neutrales, cosa que no sucede con las radiación.

Aunque en un principio el monopolio de las armas nucleares recayó exclusivamente sobre los Estados Unidos de América, lo cierto es que no se hicieron demasiados esfuerzos para evitar que otros estados se convirtieran en poseedores de este nuevo arsenal atómico, principalmente porque se estimaba que se retrasarían más en el desarrollo relativamente independiente de dichas armas. No obstante, tan pronto como 1949, la Unión Soviética hizo la primera prueba atómica. Durante los años que siguieron, otros países se hicieron con el control del arma del fin de los días: Reino Unido, Francia, China, Pakistán, India, Corea del Norte, Sudáfrica (aunque supuestamente ya no) y probablemente Israel. 

Otros estados han intentado seguir la senda del átomo, pero no han tenido éxito en sus empeños, sea por el inherente secretismo o por la oposición y presión internacional. En cualquier caso, parece ser que no es demasiado complicado desarrollar un programa nuclear autónomo a partir de la tecnología nuclear civil, esta sí, ampliamente difundida.

¿Adónde queremos ir a parar con todo ello? 

Tras el advenimiento de la bomba nuclear, empieza una nueva era, la era nuclear; que afecta tanto a aspectos civiles como militares. Es en estos últimos en los que más publicidad y repercusión ha tenido, pero se debe también reconocer la importante contribución de la energía nuclear como fuente de energía relativamente limpia. 

Es en el ámbito castrense dónde el átomo pone coto a la soberanía nacional. La era de los estados nación define la Nación como la unidad política, cosa plasmada en el derecho internacional bajo el principio de soberanía excepcionado por el derecho de autodeterminación de los pueblos. Así, no es posible considerar legal ninguna intervención en país ajeno. No obstante, se plantean conflictos internacionales cuando determinadas externalidades (v. gr. subproductos gratuitos de una determinada actividad) salen a la luz: la construcción de una central nuclear por parte de un Estado que linda con otro, contrario al aprovechamiento civil de tal energía es un caso clásico.

Pero donde se presenta de forma más acusada la limitación a la soberanía es en la brecha de armamento nuclear. ¿Puede una nación sin armas nucleares, defenderse frente a una agresión de un Estado nuclear? Claramente, puede oponer resistencia armada, pero nunca podrá amenazar directamente la existencia de su agresor. Ya no existe la posibilidad de la Guerra Total entre los Dueños del Átomo, entendida como aquella cuya finalidad es la completa destrucción del enemigo y propia de las Guerras Mundiales de la primera mitad del siglo XX, pues supondría su extinción. Tampoco es posible este tipo de guerra entre un Estado nuclear y un Estado convencional, pues si el segundo amenaza la existencia del primero, la tentación de usar un arma nuclear puede vencer.

En la actualidad, únicamente puede seguirse un régimen de coerción económica junto con un conflicto militar de intensidad media, nunca máxima. Ello es así, porque en caso de seguir la escalada de violencia, el Estado nuclear tiene el dominio estratégico. No obstante, eso sería únicamente así en un mundo en que un solo Estado monopolizara el poder de la fisión nuclear.

Se plantea en la actualidad el dilema de si es posible la utilización de un arma nuclear, una sola vez y de "pequeña" potencia con finalidades tácticas, por ejemplo, destruir una plaza fuerte enemiga. Este es un acto que no amenaza directamente la existencia de los demás poderes nucleares, en apariencia, pero supondría la apertura de una caja de Pandora. Podría ser interpretado, en consecuencia, como una expresión de la voluntad de usar armas nucleares más potentes en el futuro, y por ello alguien podría tomar alguna decisión inapelable al respecto. 

En cualquier caso, el resultado también puede ser el contrario: si el rival amenaza con la inmolación y da pruebas de estar dispuesto a llegar hasta el final, es más probable que su amenaza sea creíble y por consiguiente es posible que los Estados nucleares no intervengan y que el Estado agredido se rinda. Ello supone admitir que la utilización de las armas nucleares puede llegar a ser ventajosa para el que las utiliza, afianzado por consiguiente la soberanía atómica por la vía de la supremacía militar: no es posible perder si el enemigo no puede ganar. Por ello, el único resultado favorable para los demás Señores del Átomo es aceptar la soberanía de tal estado, aunque está claro que deberán buscar opciones distintas y creativas para responder a esta clase de conductas de forma efectiva, a fin de evitar la extinción global. 

A propósito de la bomba nuclear, debemos parafrasear a Bertrand Russell, por cuanto señalaba que uno puede hacer equilibrios en la cuerda floja, pero no para siempre. Un simple error informático (o un ataque de agentes enemigos), o humano (siendo posible que este no sea tal, y sea intencionado) puede tener fatales consecuencias, pues el hilo que sostiene la espada de Damocles es ya muy fino. 

La salida, más allá de la prohibición de las armas nucleares y la progresiva reducción de arsenales, pasa por el desarrollo de mejores sistemas defensivos, que hagan algún día la guerra nuclear obsoleta. No obstante, en tal caso, nuevas armas surgirían, con mayor potencial destructivo aún; pero es la única esperanza, dado que ya no hay vuelta atrás. A tal efecto, es pertinente acabar esta reflexión haciendo a referencia a lo que en astrobiología se conoce como "Teoría del Gran Filtro". Esta da un motivo por la que no se ha detectado vida extraterrestre aún: la causa de tal (anti)fenómeno es que el progreso tecnológico lleva a las especies a tener un potencial autodestructivo que finalmente las hace extinguirse a sí mismas. El silencio espacial no es un buen augurio del resultado del pequeño debate anteriormente analizado, pero está claro que su oscuridad es un entorno adecuado para la reflexión.



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